Despertarse con mal sabor de boca o con la sensación de un aliento desagradable es una situación más habitual de lo que parece. En la mayoría de los casos no se trata de un problema grave, pero sí de una señal de que algo en la boca no funciona del todo bien durante la noche. Entender por qué aparece el mal aliento por la mañana es el primer paso para poder corregirlo de forma eficaz y duradera.
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Es una consulta recurrente en nuestra clínica: pacientes con una higiene oral impecable que, a pesar de su constancia con el cepillado y el hilo dental, perciben una textura rugosa o una coloración amarillenta en la base de sus dientes. Lejos de ser un descuido personal, este fenómeno responde a un proceso fisiológico natural. Cuando la placa bacteriana no se elimina de forma total, los minerales de la saliva la calcifican, convirtiéndola en sarro. Una vez alcanzado este estado de endurecimiento, la adhesión al esmalte es tal que la higiene doméstica resulta insuficiente, requiriendo intervención profesional
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A veces ocurre sin previo aviso: muerdes algo que parece blando y notas un dolor seco y puntual en un diente. Puede desaparecer en segundos o repetirse cada vez que masticas, hasta el punto de empezar a evitar ese lado de la boca. Esta sensación, aunque desconcertante, no es casual. En la mayoría de los casos, el dolor al morder es una señal de que ese diente o los tejidos que lo rodean están soportando algo que no deberían.
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Si miras ahora mismo tu cepillo de dientes, es bastante posible que lleve contigo más tiempo del que debería. Pasa a menudo: lo dejamos en el vaso del baño, lo usamos cada día… y se nos olvida por completo cuándo fue la última vez que lo cambiamos. Sin embargo, renovar el cepillo a tiempo es tan importante como cepillarse bien.
A partir de aquí, la idea es sencilla: saber cada cuánto cambiar el cepillo de dientes, reconocer las señales de desgaste y evitar algunos errores muy comunes para que tu higiene bucal sea realmente eficaz.
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La Navidad llega con luces, reencuentros y mesas llenas de sabores que no disfrutamos en ningún otro momento del año. Entre cenas largas, dulces típicos, brindis y sobremesas eternas, nuestra boca también entra en una especie de “maratón” navideña. Y, aunque estos días invitan a relajarse, lo cierto es que la combinación de alimentos, tiempos prolongados y cambios de rutina puede aumentar algunos riesgos para dientes y encías.
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Vapear se ha vuelto algo cotidiano. Muchos lo perciben como una opción “más limpia” que fumar y creen que apenas afecta a la boca. Pero la realidad es otra: aunque sus efectos no sean idénticos a los del cigarrillo tradicional, el vapeo tampoco es inocuo para dientes y encías.
Los líquidos de los vapers (con glicerina, propilenglicol, nicotina y aromas) se transforman en un aerosol que entra en contacto directo con el esmalte, las encías y la mucosa. Este aerosol puede aumentar la placa, inflamar las encías y reducir la saliva, tres factores clave en la aparición de problemas bucodentales.
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